Mi formación no es literaria, precisamente por ello me he atrevido y dado a la tarea de hacer texto, pues la manera de aprender a escribir es precisamente esa; escribiendo. Los textos obedecen a mis inquietudes generadas en el terreno del arte, la tarea del artista ha sido según entiendo la de especular la realidad, justo por ello me atrevo a generar especulaciones también desde el texto, estas especulaciones no tienen otra pretensión que la de generar dialogo, reflexiones e inflexiones sobre arte y pensamiento.
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EL CONSUMO DE LO IRREAL.
Ulises Matamoros Ascención.
Lic. en diseño y artes plásticas
El proyecto de la modernidad en su bien intencionada pero fracasada tarea de emancipar a la humanidad siempre género en su desarrollo elementos que han sido reconocido como negativos solo a posteriori, el objetivo de la modernidad era, como lo entiende Adorno y Horkheimer buscar el pleno dominio de la naturaleza y de los hombres[1], así el programa emancipatorio originado en la ilustración se convertía en un mero sistema y aparato de dominio cuyo proyecto: la modernidad, se dedicó a la tarea de ampliar dicho sistema de dominio.
En esta sociedad llamada postmoderna donde pareciera que el proyecto de la modernidad ha agotado todos sus recursos, donde pareciera hemos triunfado por sobre los sistemas de dominio y de poder; siguen existiendo dudosas ideas de libertad y de emancipación propias del proyecto de la ilustración donde se logran insertar nuevas clases de discursos que en su aparente ideal libertario encierra nuevos sistemas de dominio y de control, la novedad es que ahora el control se logra por otras vías; el hombre mismo pide eso que lo enajena y lo controla .
El capitalismo avanzado[2] es el sistema económico postmoderno que al igual que el proyecto de la ilustración nos ha hecho creer que ha traído “luz al mundo” un mundo donde las desigualdades sociales, el hambre, la pobreza y en general el horror parecieran poder solucionarse con el desarrollo económico de los pueblos, hemos atestiguado el fracaso del socialismo; el proyecto más serio de acabar con el horror o por lo menos disminuirlo acabando con las desigualdades sociales, ahora ¿que otro camino nos queda que no sea el del capitalismo?, la postmodernidad asume que el proyecto de la modernidad necesariamente tiene que realizarse, pero la modernidad necesita llegar al resto del mundo y puesto que la única manera de llevar la modernidad al mundo es la globalización se apuesta pues por la globalización de la cultura, o lo que es lo mismo; la globalización de ese espectáculo llamado cultura (la industria de la cultura) .
La posmodernidad impone con la globalización de la industria de la cultura un consumo que ha rebasado ya todos los limites, en palabras de Lipovetsky; un hiperconsumo[3] donde las practicas económicas se llevan a cabo en el terreno de lo irreal puesto que la mayoría de los productos que intercambiamos son irreales; consumimos objetos devenidos signos, signos mercancía que nada tienen que ver con un referente real pero que hemos creído reales puesto que nuestro sistema económico (de dominio) ha logrado hacer pasar lo irreal por lo real, atestiguamos una era de dominio: el dominio del hiperconsumo de signos-mercancia, un hiperconsumo de lo irreal .
Pensemos pues lo real como todos los objetos estructuras y prácticas que surgen o son propias de las culturas de la periferia (tradicionales y locales) y lo simbólico como todo lo que es propio de la cultura dominante, podemos pensar esto si sabemos que la cultura dominante es capitalista entonces podemos decir que “se desarrolla en un régimen de equivalencias simbólicas irreales, el dinero representa todo, un equivalente, una moneda, una representación”[4] sin un referente real, sin un índice. A propósito de esto Roland Barthes en “S/Z” [5] decodifica el relato “Sarrasine”[6]:
El castrato Zambinella, una figura cuya relación tanto con la identidad sexual como con el orden simbólico es enigmática por decir lo menos (es tomado por una mujer) lleva a unos invitados a su presentación. Al principio de la historia, en un comentario sobre los misteriosos anfitriones del cantante de ópera, el narrador se lamenta de que el nuevo orden de intercambio capitalista allá corrompido la vieja interpretación de la pertenencia a una clase: nadie pide ver vuestro árbol familiar porque todo el mundo sabe cuánto costo. Barthes concibe el paso de un viejo régimen feudal de orígenes jerárquicos, de riquezas fijas en tierra y oro a un nuevo régimen de signos equivalentes, de promiscuo papel moneda [7]
Dentro del orden capitalista nada tiene relación con su referente, ya nada es real, todo es hiperreal (realidad a través de los intermediarios) nada tiene un índice (un origen en tanto referente), por eso me refiero a los objetos, prácticas y estructuras de culturas tradicionales locales como más reales, por ejemplo: comparemos unos huaraches con unos tenis de marca Nike, ambos tienen el mismo valor de uso y en su contexto tienen también un valor de cambio como mercancía, eso es lo real ( esto real sigue perdurando en las culturas populares tradicionales por ejemplo: el trueque, que es intercambio, no de signos sino de mercancía ) , pero algo que no poseen los huaraches es: “valor de signo”, (indica algo sobre su poseedor en un contexto social determinado, por ejemplo: un rico posee un Mercedes Benz para indicar su estatus de rico) al consumir un objeto-signo, el consumidor no sólo lo toma como un utensilio (valor de uso) o como una mercancía (valor de cambio), sino también como un signo de status social (valor de signo) (imagen1) que lo sitúa en un lugar determinado en la jerarquía social”,[8]consideremos en relación a ello dos ejemplos que nos vienen del terreno artístico específicamente de la escultura de bienes de consumo; Nuevo doble expositor mojado/seco Shelton (1982) (Imagen 2) una obra de Jeff Koons, en la que aparecen dos aspiradoras dentro un expositor alumbrado con una luz fluorescente a manera de reliquias únicas, la otra: una obra de Haim Steinbach que muestra unos tenis Air Jordan (Imagen 3) colocados en un estante junto a cinco copas doradas de plástico a manera de griales Kitsch. En esta dos obras el espectador de la obra de arte, el comprador y el crítico son tomados como fetichistas del signo-mercancía, se anula el valor estético de la obra de arte, se anula también el valor de uso de los tenis y las aspiradoras en cuanto a objeto y hace evidente ese valor de signo del objeto-mercancía; “el arte y el bien de consumo son hechos uno; son presentados como signos de intercambio; y son apreciados-consumidos como tales”. [9]
Imagen 1) Ulises Matamoros Ascención “Guaravans” (2009)
Imagen 3) HaimSteinbach, “Air Jordan”. (1981)
Esto se hace más evidente en el circuito del arte con la obra “For the Love of God”, de DamienHirst (Imagen 4), Hirst recubre un cráneo con diamantes y lo vende por 75 millones de euros, nos pone a pensar sobre cuál es el verdadero valor de la obra ¿el artístico, el estético, el monetario en cuanto a signo mercancía?.
Imagen 4) Damien Hirts “for the love of god” (2007)
, Las clases dominantes fomentan valores, gustos y privilegios a fin de lograr el dominio de clase, sin embargo el “valor de signo” no tiene un significado o un valor intrínseco, más allá de los acuerdos hechos en torno a los bienes, trabajamos para comprar, para adquirir algo irreal; ponemos todos nuestros esfuerzos físicos y mentales para generar capital y adquirir un “signo mercancía” que nos posiciona dentro de una escala social determinada, a medida que esos “signos mercancía” se multiplican nuestra interacción social se basa cada vez más en objetos sin un significado inherente, nuestras relaciones humanas se dan en el terreno de lo hiperreal, el hombre mismo pierde el límite de su individualidad consumiendo y asumiendo una identidad ajena (irreal) fundada en un “referente” hiperreal, atestiguamos programas de televisión donde los participantes imitan o parodian a una figura del espectáculo, esta imitación va más allá del simple simulacro ; transformarse de tal manera que sean una copia idéntica a tal o cual personaje, ser igual en el vestir, en el comportar, incluso en el gesticular a un actor o cantante; que en sí y por sí mismo es una construcción del espectáculo, una construcción irreal un signo-mercancia producto de la industria de la moda y del espectáculo (imagen 5) (habría que preguntarse hasta qué punto asumimos esos mismos comportamientos), el consumo de lo hiperreal llega a tal punto que consumimos no solo productos tangibles o físicos sino también comportamientos que se fundan en el terreno de lo irreal. La sociedad capitalista se encamina y nos encamina a la completa “hiperrealidad”[10], lo que consumimos no es por mucho ni un simulacro de lo real, en el régimen capitalista de “signo mercancía” intercambiamos algo que no tiene equivalencias reales y esto aplica también al terreno de las relaciones sociales resulta que lo que conocemos del otro es un simulacro sin un referente, un simulacro de un simulacro, un comportamiento que imita algún comportamiento que se funda en lo irreal, nuestra relación con el otro y con el mundo mismo es hiperreal.
[1] Adorno, Theodor W. y Horkheimer, Max. (1970). Dialéctica del iluminismo. Sur: buenos Aires ,pp. 16-17
[2] Jameson, fredric . (1995). El posmodernismo o la lógica cultural del capitalismo avanzado. Barcelona:
Paidós.
Lipovetsky, Gilles. (2007). La felicidad paradójica. Ensayo sobre la sociedad
de hiperconsumo. Barcelona: Editorial Anagrama.
[4]Barthes, Roland. (2001). S/Z. siglo XXI: Mexico, p.32
[5]Ibid.
[6] Balzac, Honore. (1880). Sarrasine (Traduccion de G. C.). Imprenta y litografía de la Guirnalda: Madrid.
[7]Foster, Hall. (2001). El retorno de lo real. Akal: Madrid, pp. 77-78
[8]Baudrillard, Jaén. (1969). El sistema de los objetos. Siglo XXI: México, p. 225
[9]Foster, Hall. (2001). El retorno de lo real. Akal: Madrid, p. 111
[10]Baudrillard, Jaén. (1978). Cultura y simulacro. Kairos: Barcelona.
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